viernes, 18 de noviembre de 2011

Carta sobre cursos a la distancia



Estudiar a la distancia no es lo mismo que leer un resumen.

Sé que hay poco tiempo de dedicación a cada disciplina.

Sin embargo, el tiempo no es escaso solamente a los estudiantes a la distancia. Todos sufrimos de este nuevo mal.

No estar preparado para las pruebas no implica que el contenido deba ser reducido o que se cambien las fechas del calendario.

Debemos ir preparados con lo que tenemos, con lo que se pudo hacer y asimilar de todo el asunto visto. Si no es suficiente, que veamos nuevamente el próximo semestre.

Algo me asusta en la nueva forma de enseñar-aprender: parece que es obligatorio seguir el curso (no solamente en las universidades, veo esto en las escuelas también) independientemente del hecho del alumno haber aprendido o no. Eso es terrible! Tenemos que estar listos. Y si no estamos, que sigamos intentando.

No estoy aquí simplemente por un título, sino para aprender y ser buena en lo que haré, aunque me cueste el poco tiempo que resta de los quehaceres diarios o que se pasen 5, 6, 7 años hasta la graduación.

El nombre de la univerdad y sus profesores está en juego. Es fundamental que salgamos con algo más de lo que teníamos al ingresar.

Una vez más creo que no es simpático mi punto de vista, pero me asustan los pedidos de menos material, de más puntos, de menos exigencia, de más plazo... o sea... No hay premio sin esfuerzo.

Si todo fuera tan fácil, si ni siquiera tuviéramos pruebas, solamente las tareas, incluso con clave, nosotros mismos criticaríamos el método.

No quiero que el curso sea futuramente encerrado, como lo fueron esta semana algunos cursos en facultades que no lograron aprobación del MEC.

Bueno... no puedo decir que leí todo lo que debería o todo lo que me gustaría haber leído. Tampoco estoy segura de haber hecho bien las tareas sugeridas. Mucho menos que mañana haré buenas pruebas... pero si no me resulta, la responsable soy yo. Con culpa o sin culpa (por el tiempo escaso) no importa. Somos responsables. Tenemos miles de compromisos, pero hay que definir prioridades y aceptar las consecuencias de las elecciones que hacemos.

viernes, 18 de marzo de 2011

Artesanías




Ayer fuimos a la Casa de la Cultura - un sitio donde venden artesanías de nuestro estado y algunos trabajos hechos a mano en otras ciudades de Brasil. La Casa de la Cultura está en el centro de la ciudad y era la primitiva cárcel de Recife. Las tiendas están ubicadas dentro de las antiguas celdas de los condenados. Son pequeñas, pero llenas de novedades y de diversas mercaderías. Una fiesta para los ojos de los turistas y también para quienes somos de aquí. No resistimos mucho tiempo y ya en las primeras tiendas compramos algunos productos textiles: vestidos de algodón, paños para la cocina, ropas de playa, etc. Aproveché para comprar algunos regalos que enviaré a Chile, a la familia de mi novio. Hay de todo: monedero en cuero con bailarines de frevo pintados a mano, pendientes con el formato de la pareja típica del agreste nordestino - Lampião y María Bonita, bolígrafo con dibujos en xilograbado, muñecas de telas, etc. Como estaba ahí, me regalé una imagen de San Francisco producida en arcilla por artesanos de Caruaru. Pasamos una tarde entretenida entre cosas de nuestra tierra.

Los Andes

Desde que empecé a estudiar español, e incluso un poco antes de esto, nació en mí una inexplicable pasión por Chile: simplemente me enamoré. Me encantaba todo lo que conocía de aquel país (aunque no era mucha cosa que sabía) y soñaba poder visitarlo un día.

Tenía el antojo, más que nada, de ver y cruzar la Cordillera de los Andes.

Al viajar a Chile por primera vez, no pude realizar este deseo, pues fui y volví por la noche. No se veía nada. Pero la segunda vez en que viajé era una mañana de cielo muy límpido. Yo había estudiado el recorrido del avión para elegir el mejor asiento, en la ventanilla, por supuesto!

Cuando el avión se acercó al pie de la cordillera, aún en Argentina, sentí una imensa alegría. Todo el cruce duró como 15 o 20 minutos. La cordillera estaba cubierta de nieve, blanquita. Los pasajeros se asomaban a las ventanillas y eran muchos los comentarios, fotos, grabaciones. Todos estaban fascinados, como yo, con la vista espectacular de aquella imponente formación. Una de las más increíbles y lindas que he visto. Inolvidable!

Cultura X Tortura




Estoy de acuerdo con aquellos que critican las corridas de toro. Es sabido que tal actividad es parte del patrimonio cultural de España y que está más allá del simple deporte, arte o fiesta.
Todo el clima que envuelve una corrida de toros debe de ser mágico, colorido, con el peso de una tradición secular, pero a mi ver ya es tiempo de cambiar algunas ideas y quizás imaginar otro final para esta parranda.
Me parece que la evolución de la humanidad ya no condice con la brutalidad que ocurre en una plaza y argumentar que antes del “gran finale” el toro tiene una vida de rey no justifica su muerte triste, violenta e innecesaria.
En algunas ciudades de Santa Catarina, en el Sur de Brasil, había una fiesta conocida como “farra do boi”. La finalidad era torturar y herir el animal, que pasaba días sin comer ni beber hasta que eran sueltos en las calles. Desesperados, ellos empezaban a correr tras los más osados que cruzaban su camino, pero eran golpeados y muertos.
Los rodeos y “vaquejadas” son rituales semejantes a las corridas de toro de España, pero no tan fuertes, ya que acá la idea no es matar el buey en medio a algunos pasos y muecas, sino montarlo por algún tiempo o lazarlo y arrastrarlo hasta una línea dibujada en el suelo. Así mismo encuentran críticos entre los defensores de los animales.
En fin, creo que el hombre es suficientemente astuto para crear una manera de mantener la belleza y tradición españolas sin haber perjuicio del toro.

Ciudad o campo?




Desde la Revolución Industrial se ha observado una predilección mundial por la vida en las ciudades. Dado al surgimiento de industrias, desarrollo del comercio y ampliación de los servicios, crecen las oportunidades de trabajo en las ciudades y, por cuenta de la modernización, hay más comodidad, lo que llevaría a mejor estilo de vida, restando al campo las actividades más rudas del sector primario: agricultura, ganadería y extracctivo, lo que genera el realocamiento de la población y por ende el abultamiento de las ciudades en detrimento del campo.
Con este agrandamiento vienen los problemas: superpoblación, atascos, desempleo, soledad, nostalgia, violencia y criminalidad. Los que viven en las ciudades a veces hablan del campo con melancolía, aunque nunca hayan vivido realmente ahí; sueñan con la vida sencilla de los campesinos, supuestamente sin problemas de estrese. Pero ellos también tienen sus infortunios y contratiempos con las cosechas, pagos, clima, etc.
O sea, hay una visión romántica del campo como en el período literario del arcadismo, cuando se ensalzaba la vida pacata y bucólica; pero tanto en la ciudad como en el campo, cada uno con sus ventajas y desventajas, lo que se puede concluir es que los problemas y las soluciones se encuentran dentro de uno mismo.

El Campo

Para quienes nos habituamos a vivir en las ciudades, tenemos cierta fascinación por pasar nuestras vacaciones en el campo, pues la vida rural, o decididamente campestre, se nos presenta como encantadora por su simpleza y ritmo, tan distintos a lo que acostumbramos en nuestro día a día.

Cuando era niña, una tía abuela compró una chacra a 100 km. de Recife y empezamos a pasar nuestras vacaciones allá.

Era una casa sencilla, como suelen ser las casas de campo. No se disponía de electricidad, instalaciones sanitarias ni tampoco de agua potable en los grifos. Teníamos que salir hasta unas cisternas para buscar agua, que traíamos en cubos o en palanganas de aluminio. El agua no podía ser desperdiciada por cuenta de su escasez, especialmente en verano, cuando prácticamente no llueve y se sobrevive con lo que fue almacenado durante los pocos meses de lluvia, en invierno. La simpleza con que la gente de ahí vivía era impresionante para nosotros, pero toda esa carencia material se reemplaza o rellena con un cariño y una atención esmerada para los que visitamos sus casas.

La chacra estaba ubicada en una región agreste. Pero había árboles y arbustos. Muchos de ellos fueron plantados en nuestros viajes por mi papá. A él le gusta trabajar la tierra y sembrar, principalmente árboles frutales, como naranja, limón, anacardo, guanábano, guayaba, papaya e higos. Maíz y piña también fueron cultivados.

Hubo una época en que había dos vacas y algunas cabras. Cuando éstas tenían cría, íbamos mi primo, mi hermana y yo a verlos mamar y cuando terminabam su festín, poníamos cuerdas alrededor de sus cuellos para pasear con los cabritos, como si fueran perros.

Eran vacaciones muy entretenidas.

Planificar

Este año tengo planificados dos viajes importantes: a Chile y a Perú.

El primero no tiene nada definido aún además de las ganas de volver al país que más me encanta en América Latina. La idea es volver allá en Septiembre, pues en este més en Chile se celebran las Fiestas Patrias, alrededor del 18. Son 4 días de fiestas para conmemorar la Independencia del país de la colonización española.

Pero el plan más inmediato es mi viaje a Perú. Iré a este país por primera vez y tengo mucha curiosidad por conocer todas las cosas interesantes que he leído y he visto sobre la cultura del pueblo peruano, sus costumbres, comidas, fiestas, historia. Llegaré a Lima con unos amigos durante la Semana Santa, en Abril. De ahí visitaremos Cuzco y saldremos en tren hasta la ciudad misteriosa de Machu Pichu. Volveremos a Lima, donde pasaremos algunos días más. Todo el viaje durará 6 días y ya tenemos los billetes de ida y vuelta en avión hasta Lima y de Lima a Cuzco. Estamos en la búsqueda por hoteles y por las visitas a los puntos turísticos más importantes.

Hogar, dulce hogar...

Vivo hace 5 años en mi departamento en el barrio de Tamarineira. Hasta el año pasado éramos solamente mi hijo, de 12 años, y yo. Pero en Junio de 2010 mi novio vino de Chile a vivir con nosotros. Estamos cerca de la casa de mis padres, de la escuela de mi hijo y alrededor del edifício encontramos todos los servicios de que necesitamos: bancos, panaderías, farmacias, agencia de correos, gimnasio, gasolinera y muchas tiendas: de telas para ropas, de productos para mascotas (lo que es esencial, ya que tenemos un perro), papelería, etc. La avenida que pasa delante de mi edifício es una de las más utilizadas por buses y autos, pues viene desde el centro de la ciudad y va hacia el suburbio, por eso algunos atascos en el camino son inevitables. Pero al llegar en casa olvidamos los problemas del trabajo, en el tráfico, porque, como decía Dorothy: no hay lugar como el hogar.

Familia

El término “familia” puede ser entendido de diferentes maneras. Lo utilizaré en el sentido del nucleo básico que se forma a partir de una pareja conyugal, incluéndose los hijos resultantes de esta unión. En esta acepción, la familia día a día ve más difícil su sostenimiento ya que largas horas en el trabajo y la ausencia en el hogar impiden o dificultan la comunicación entre los miembros; las presiones en la búsqueda del éxito y el consumo, obstaculizan una estabilidad; además, el egoismo cada vez más elevado favorece y promueve la disolución de este vínculo. Dependiendo de la clase social, de la estructura familiar, de la orientación religiosa, esta unidad básica de la sociedad crece o disminuye con el tiempo. Se demuestra estadísticamente que en los estratos socieconómicos más bajos, la cantidad de hijos y de personas viviendo en un mismo hogar es mayor que entre familias que pertenecen a un estrato social más alto. Eso no significa que en estas familias con menos individuos haya más atención, cuidados y cariño que en las familias rebosantes. Lo que hace la estabilidad de una familia, más que buena condición financiera, es la comprensión, intimidad, seguridad, respeto… lazos más profundos y duraderos.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Respeto: llave para tolerancia

Desde muy pequeños aprendemos en las clases de Historia, Geografía, Biología, que el hombre es un ser social y que evolucionamos de manera a convivir en sociedad.

Las agrupaciones se forman, pues, a partir de puntos comunes. Con el paso del tiempo y las descubiertas de nuevos espacios, el círculo social se vuelve más amplio y nos encontramos con grupos de costumbres diferentes, razas diversas, lenguas desconocidas, usos religiosos distintos, y no sabemos como lidiar con ello. En este punto, puede surgir el prejuicio.

Saber convivir con lo diferente, aceptando una nueva forma de ser y de pensar es interpretado por algunos como debilidad, como si hubiera el riesgo de pérdida de su propia identidad, de ahí la reacción a la diversidad con resistencia, negación, burla, llegando a veces a niveles violentos.

En verdad, las diferencias existen para que podamos aprender y crecer con ellas. Pero, para tanto, es necesario una dosis de curiosidad y respeto, llaves de la aceptación.

El deseo de saber más sobre el otro sin querer imponerse; admitir que la verdad no es única ni estática; abrirse para otras posibilidades. Esto es lo que genera la tolerancia.

En fin, saberse humano, imperfecto, dispuesto a aprender con humildad, demostrando respeto a alguien que tiene, en uno u otro aspecto de la vida, origen, opinión o formación distinta.
Este comportamiento, aunque lento, es transmitido para futuras generaciones y, poco a poco, el hombre incrementa su universo, a través del reconocimiento y admisión de quién está a su alrededor.